cuando hace la calor,
cuando los trigos encañan
y están los campos en flor,
cuando canta la calandria
y responde el ruiseñor,
cuando los enamorados
van a servir al amor;
sino yo, triste, cuitado,
que vivo en esta prisión;
que ni sé cuándo es de día
ni cuándo las noches son,
sino por una avecilla
que me cantaba al albor.
Matómela un ballestero;
déle Dios mal galardón.
Es de un tal Anónimo, escritor prolífico donde los haya, y está recopilada dentro de un grandes éxitos titulado Romancero Viejo. A riesgo de resultar demasiado analítico, hay ciertas cosas de esta rima que me llaman la atención:
- Hace calor en Mayo: debe ser cosa del cambio climático. En la época en que se escribió supongo que el verano iba de Junio a Abril. Por que lo que es este año, yo por lo menos en Mayo no he visto más que lluvia, y me he recorrido España de cabo a rabo unas cuantas veces.
- Los enamorados sólo cumplen en Mayo: pues digo yo que de aquellas, sin calefacción ni nada, deberían estar más arrimaditos en Diciembre, por aquello del calor corporal.
- El final es lo más curioso: el tipo (que por cierto algo habrá hecho para estar encerrado, no debería inspirarnos compasión) no sabe si es de noche o de día, de lo cual se deduce que está encerrado en algún lugar sin acceso al exterior, pero sin embargo distingue sin problemas el canto de una avecilla. Y no sólo eso, sino que dando muestras de un oído prodigioso detecta el sonido de la ballesta previo al cese de los latidos del corazón del pajarillo.
Vamos, que la poesía me encanta, pero la trama no se sostiene.



