Hace muy poco hablaba de que la negociación de la situación griega me parecía una partida de póker, pero ahora que ha pasado el tiempo y se empieza a ver cómo va a acabar esto, me da a mí que la partida realmente es de ajedrez.Y en esta partida, Grecia ha resultado ser un peón.
Hay que decir que el peón es la única pieza del ajedrez con aspiraciones: el alfil siempre será un alfil, la todopoderosa reina nunca será rey e incluso el rey seguirá paticorto toda la partida. Pero el peón tiene una meta, una razón de ser, y es que si alcanza el final del camino, si aguanta las tribulaciones de la partida, será encumbrado y podrá ser lo que desee.
De hecho, los laboriosos y tenaces peones tienen reciben cierta benevolencia al principio de la partida, mientras las grandes fichas libran la batalla por el centro del tablero. Pero según va avanzando la partida, los que van quedando empiezan a estar vigilados de cerca. Y si alguno amenaza con llegar al otro lado, es acosado hasta que muere o desiste.
Y esto es lo que parece que ha pasado con Grecia: el peón rezagado y renqueante avanza con paso firme y decidido hacia la gloria; pero la reina se da cuenta y el corta el camino. No podía ser. No podía convertirse en torre. No podía desafiar el orden establecido después de haber sido protegido por el resto de piezas.
Y es así como el pobre peón griego se ve obligado a reconocer su debilidad y detener su avance. Y la reina sonríe satisfecha porque ha dejado claro de quién es el centro del tablero. Y sonríen también los otros peones que se quedaron prudententemente atrás, ya que sus dudas se han despejado.
No voy a defender del todo a los griegos, porque su responsabilidad tienen por llegar a donde están, teniendo en cuenta que eligieron democráticamente a sus gobernantes actuales y anteriores, pero me da la impresión de que se les va a castigar de forma desproporcionada para que Alemania le deje claro a Francia que en Europa manda la austeridad. Y ya de paso, los gobiernos de países rescatados, como España, tendrán algún argumento más para acallar las rebeliones internas.
Timeo danaos et dona ferentes, que traducido del latín al griego moderno sería algo así como temed a los alemanes, aunque traigan dinero
A veces parece que lo importante de un viaje es llegar al final. El problema es que al final es cuando se acaba el camino ... y el viaje. Habremos llegado y el viaje perderá sentido. Disfrutemos, pues, del viaje
miércoles, 15 de julio de 2015
jueves, 9 de julio de 2015
Deportes modernos
Puede decirse que llevo toda la vida haciendo deporte. Nunca he hecho grandes marcas ni he sido especialmente bueno a nada, pero siempre llevaba en la maleta un pantalón corto o un bañador. Y ahora que van pasando los años, veo como ha cambiado el panorama del deporte popular y me cuesta controlar la risa.
Esta entrada me va a salir dentro de la categoría de "abuelo cebolleta", pero aún hace poco me abrieron los ojos: los deportes de antes ya no existen y hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Resulta que contaba yo que entrenaba algunos días alternando carrera y ejercicios de fuerza, (aprovechando estas áreas biosaludables que te ahorran el gimnasio) y llegó la sorpresa: "Entonces haces crossfit" - me dijeron. Toma ya. Resulta que se puede hacer algo aunque no se sepa lo que es.
Me pasa algo parecido cuando me preguntan lo de "¿haces running?". Suelo quedarme un poco en blanco, sin saber muy bien qué decir y lo que me sale es un "No sé, pero voy a correr de vez en cuando".
Después de pensar un poco, creo que la diferencia entre una cosa y otra son los accesorios. Cuando iba a correr, llevaba unos tenis viejos de baloncesto o de paseo, un pantalón corto ya raído, calcetines blancos del mercadillo y camiseta de algodón, preferiblemente de Fanta o de ediciones antiguas de San Teleco. Ahora, cuando voy a hacer running llevo unas zapatillas pronadoras, x-socks de presión anatómica, unas mallas (¡¡mallas!!), camiseta técnica, cortavientos transpirable, GPS, música, entrenador personalizado. Y curiosamente me canso igual. O más.
Vamos, que a veces voy mejor vestido a correr que a trabajar. Y por lo que veo, el resto de la gente no se queda atrás: las chicas incluso complementan las mallas con un recatado jersey atado a la cintura.
Nadando me pasa más o menos lo mismo: antes nadaba simplemente con el bañador de la playa. Ahora tengo uno específico, gafas de natación para que no piquen los ojos, vaselina para los roces y hasta una especie de guantes de silicona recortados para las manos. Y me estoy resistiendo, pero poco me faltará para el neopreno, el gorro y las aletas. Me va llevar más tiempo prepararme que nadar. ¿Algún día empezará a llamarse "hacer swimming"?
Yo de momento voy a seguir a mi bola, asintiendo con la cabeza cada vez que oigo palabras raras relacionadas con el deporte mientras disimuladamente las busco en google para saber si es un tipo nuevo de ejercicio o la última canción de Lady Gaga.
Eso sí, llámenlo como quieran, pero salgan a hacer deporte. Lo digo yo y la dirección general de tráfico.
Esta entrada me va a salir dentro de la categoría de "abuelo cebolleta", pero aún hace poco me abrieron los ojos: los deportes de antes ya no existen y hay que adaptarse a los nuevos tiempos. Resulta que contaba yo que entrenaba algunos días alternando carrera y ejercicios de fuerza, (aprovechando estas áreas biosaludables que te ahorran el gimnasio) y llegó la sorpresa: "Entonces haces crossfit" - me dijeron. Toma ya. Resulta que se puede hacer algo aunque no se sepa lo que es.
Me pasa algo parecido cuando me preguntan lo de "¿haces running?". Suelo quedarme un poco en blanco, sin saber muy bien qué decir y lo que me sale es un "No sé, pero voy a correr de vez en cuando".
Después de pensar un poco, creo que la diferencia entre una cosa y otra son los accesorios. Cuando iba a correr, llevaba unos tenis viejos de baloncesto o de paseo, un pantalón corto ya raído, calcetines blancos del mercadillo y camiseta de algodón, preferiblemente de Fanta o de ediciones antiguas de San Teleco. Ahora, cuando voy a hacer running llevo unas zapatillas pronadoras, x-socks de presión anatómica, unas mallas (¡¡mallas!!), camiseta técnica, cortavientos transpirable, GPS, música, entrenador personalizado. Y curiosamente me canso igual. O más.
Vamos, que a veces voy mejor vestido a correr que a trabajar. Y por lo que veo, el resto de la gente no se queda atrás: las chicas incluso complementan las mallas con un recatado jersey atado a la cintura.
Nadando me pasa más o menos lo mismo: antes nadaba simplemente con el bañador de la playa. Ahora tengo uno específico, gafas de natación para que no piquen los ojos, vaselina para los roces y hasta una especie de guantes de silicona recortados para las manos. Y me estoy resistiendo, pero poco me faltará para el neopreno, el gorro y las aletas. Me va llevar más tiempo prepararme que nadar. ¿Algún día empezará a llamarse "hacer swimming"?
Yo de momento voy a seguir a mi bola, asintiendo con la cabeza cada vez que oigo palabras raras relacionadas con el deporte mientras disimuladamente las busco en google para saber si es un tipo nuevo de ejercicio o la última canción de Lady Gaga.
Eso sí, llámenlo como quieran, pero salgan a hacer deporte. Lo digo yo y la dirección general de tráfico.
viernes, 3 de julio de 2015
Jurassic World
No voy a destripar todo el argumento, pero si alguien tiene pensando ver la película y quiere que le sorprenda, mejor dejar de leer. Esto me recuerda que un día tengo que escribir sobre la multitud de destripacuentos que pululan por ahí. Pendiente queda.
Tengo que empezar reconociendo que soy un público entregado cuando las películas tienen efectos especiales a lo grande, con lo cual no voy a ser muy crítico con la película. De hecho, hasta me arriesgué a ir a verla al cine antes del período habitual de cuarentena que le doy a los estrenos para que las salas se vacíen de garrulos.
Y por el pecado de ese ansia pagué la penitencia del cenutrio que tenía al lado y sus comentarios. Por lo visto, le debía de parecer que eran tan ocurrentes y divertidos que tenía que compartirlos con todos en voz alta. Sobre estos especímenes también tengo que escribir algún día.
Yendo al grano: la película no defrauda, aunque por veces se hace un poco lenta. Está claro que no tiene un argumento original ni un desenlace sorprendente, pero los efectos especiales son impecables y, aunque sea bastante previsible, consigue mantenerte atento.
Para mí no llega a la altura Parque Jurásico, y yo creo que no lo pretenden. De hecho, hay un montón de guiños a la película original: aparecen los antiguos escenarios, los coches, las gafas, la puerta de entrada ... Igual con ese guiño quieren encandilar a la generación que descubrió los dinosaurios con esa película
El resto, muy clásico: niños perdidos con un divorcio de por medio, un magnate que pilota helicópteros, un ex-marine que se lía con la directora del parque, un militar malvado que muere devorado, un científico sin escrúpulos, y todo eso a la batidora, pero muy bien aliñado con dos cosas: muchos bichos nuevos muy bien hechos y una escena final de tintes épicos en las que los malos de las primeras películas son ahora los buenos (que original ...)
Como toque un poco serio, diré me que pareció entrever una velada crítica al consumismo de la sociedad desarrollada cuando se muestra un parque temático masificado, muy comercial y muy clasista. O puede ser que no tuvieran ninguna pretensión y simplemente les salió así, habría que preguntar.
Mientras tanto, las reacciones a la película no se han hecho esperar, y en ciudades como Vigo, se ha levantado un monumento conmemorativo de tan magnánima ocasión, el famoso DinoSeto. Se espera que en fechas próximas estas acciones se extiendan a otras ciudades de la geografía española y de parte del extranjero. Y con música.
miércoles, 1 de julio de 2015
La mayor apuesta de la historia
Pues en mi humilde opinión eso es miserable calderilla comparado con lo que se está moviendo en la timba griega. Sí, he dicho timba y me mantengo. Ahí cada uno intenta llevarse todo el dinero que puede con las cartas que tiene en la mano, y lo hace a base de ocultarlas y mostrarlas según vayan haciendo los demás.
Con una ligera diferencia: aquí Tsipras se ha lanzado un farol de 1.600 millones de euros. Entre el FMI y Merkel se lo han visto y han subido la apuesta a 7.200 millones de euros. Estamos en el punto de la película en el que la cámara va pasando de cara en cara y el espectador intenta escudriñar cuál será el siguiente movimiento. Sólo que la apuesta es 100 veces más alta, por ejemplo, que en Casino Royale, y ahí hasta el mismísimo James Bond empezaba a sudar el esmoquin. Supongo que por eso Tsipras y Varoufakis no llevan corbata.
El caso es que el tema de la bancarrota no es nada nuevo. Si vemos la lista países en bancarrota de los últimos siglos (en los que España tiene el record absoluto) vemos que no es algo tan raro. Lo que nos llama la atención es que nos toque al lado de casa y los pobres jubilados que hacen cola se parezcan mucho a los nuestros, que tenemos a un Tsipras con coleta aspirante a presidente y que no nos queremos quedar sin yogur griego.
Además, que sea Grecia el país en cuestión da mucho juego: que si tragedia griega, que si el "dracmón", que si Leónidas levantase la cabeza, que si a Varoufakis le van a hacer un griego, que si "Grexit" (¿aún no han ejecutado que inventó la palabra?)
Para rematar el sesudo análisis: todos mienten. Los griegos quieren dinero pero no quieren pagar. Los del FMI quieren que les devuelvan un poco de dinero hoy para prestarles más mañana. Los alemanes quien que juguemos juntos, pero el balón es suyo. El caso es que en una mesa de póquer siempre hay un pardillo. Y si no sabes quién es, entonces el pardillo eres tú, ciudadano europeo (y no, no vale decir que el pardillo es Rajoy).
martes, 30 de junio de 2015
Vintage
Tengo serias dificultades para entender todas estas palabras que surgen de vez en cuando para decir algo está de moda, o que es guay. Seguro que todos las hemos oído alguna vez sin saber bien qué significaban, y probablemente de boca de gente que sabía aún menos. Y aún con este handicap (toma ya) voy a intentar usarlas todas juntas en un par de frases.
Hubo un tiempo en que tener un blog era totalmente trendy: era lo más de lo más, el último grito, la moda de la red. No había muchos, y los bloggers eran como entes del ciberespacio que fascinaban al común de los mortales. Yo creo que en parte era porque a golpe de módem tardaban tanto en cargar que sólo por la espera ya se creaba la expectativa (disonancia cognitiva, algún día hablaremos de ella)
Pasó el tiempo, Internet se coló en las casas normales, y tener un blog pasó a ser totalmente mainstream. A efectos prácticos, un blog era como un culo: todo el mundo tenía uno. Me gustaban esas épocas: seguías y te seguían, escribías y leías, comentabas y te comentaban. En cierto modo, se convirtió en una red social con bastante éxito.
Pero probablemente ese éxito los mató y llegaron las socials de verdad a arrasar con ese micromundo de posts y comments entrelazados. Tener un blog se convirtió en kitsch, era antiguo y de mal gusto, una reminiscencia nostálgica del jurásico digital. ¿Por qué matarte a leer o escribir si tienes una marea de memes en tu smartphone para pasar alegremente las duras noches de invierno?
Sin embargo, ahora me da la impresión de que están resurgiendo un poco. Incluso diría que un blog se ha convertido en algo retro o incluso vintage. Tiene ese punto viejuno pero aún puede resultar simpático de vez en cuando.
Pues bien, vamos a ver si ser verdad y con un poco de aceite se va el óxido y empezamos a desengrasar.
Hubo un tiempo en que tener un blog era totalmente trendy: era lo más de lo más, el último grito, la moda de la red. No había muchos, y los bloggers eran como entes del ciberespacio que fascinaban al común de los mortales. Yo creo que en parte era porque a golpe de módem tardaban tanto en cargar que sólo por la espera ya se creaba la expectativa (disonancia cognitiva, algún día hablaremos de ella)
Pasó el tiempo, Internet se coló en las casas normales, y tener un blog pasó a ser totalmente mainstream. A efectos prácticos, un blog era como un culo: todo el mundo tenía uno. Me gustaban esas épocas: seguías y te seguían, escribías y leías, comentabas y te comentaban. En cierto modo, se convirtió en una red social con bastante éxito.
Pero probablemente ese éxito los mató y llegaron las socials de verdad a arrasar con ese micromundo de posts y comments entrelazados. Tener un blog se convirtió en kitsch, era antiguo y de mal gusto, una reminiscencia nostálgica del jurásico digital. ¿Por qué matarte a leer o escribir si tienes una marea de memes en tu smartphone para pasar alegremente las duras noches de invierno?
Sin embargo, ahora me da la impresión de que están resurgiendo un poco. Incluso diría que un blog se ha convertido en algo retro o incluso vintage. Tiene ese punto viejuno pero aún puede resultar simpático de vez en cuando.
Pues bien, vamos a ver si ser verdad y con un poco de aceite se va el óxido y empezamos a desengrasar.
jueves, 15 de noviembre de 2012
¿Stop desahucios?
Tiene que estar muy mal la cosa para que no pueda dejar de entrar en temas sociales. Y es que cuando arrecian los problemas, arrecian las opiniones encontradas. Cuando sobraba de todo no había necesidad ni siquiera de discutir. ¿Para qué ponernos a pensar si hay café para todos? Pero ahora ni café, ni leche, ni azúcar. Un poco más, y ni agua.
Y en medio de todo este desaguisado, entre recorte y recorte, sale a la palestra el tema de los desahucios. La verdad es que un vistazo a las estadísticas es descorazonador, sobre todo porque detrás de cada número suele haber un drama humano y económico. Y de repente los dos grandes partidos políticos, los grandes causantes del problema, los dos convidados de piedra al drama que no movieron un dedo cuando aún se podía remediar, ahora se quieren poner de acuerdo para poner coto a la sangría. Cuanta hipocresía.
¿Quién puede estar en contra de estas medidas después de ver un informativo? Ancianos, niños o enfermos expulsados de sus casas por los malvados bancos por no poder pagar las letras o por haber avalado a un hijo. De hecho, a primera vista, las medidas de las que se está hablando me parecen razonables porque entran dentro del principio de solidaridad.
Y entenderé que se me tache de insolidario por lo que voy a decir a continuación, pero la solidaridad no es gratuita. Cada desahucio que se pare va a suponer un coste. Un coste que alguien va a tener que pagar. Y estará bien si lo pagamos entre todos, pero algo me dice que no va a ser así.
Mi primera objeción: ¿por qué se pone a un hipotecado por delante de un inquilino? Que nadie se olvide que si dejas de pagar el alquiler, con las nuevas leyes te ponen de patitas en la calle en menos que canta un gallo. ¿No tenemos todos el mismo derecho a una vivienda digna? Si paramos unos desahucios, ¿no deberíamos parar otros? ¿Pensarías lo mismo si eres tú el arrendador?
Segunda objeción: no todos los casos son iguales. Hay diferencias abismales. Está claro que hay casos sangrantes de sobretasación, análisis nulo de riesgos y negligencias varias, pero también hay casos de gente que simplemente tomó una mala decisión financiera, o tuvo un capricho con un piso que no pudo pagar. Porque aquí no hay que olvidar que los bancos prestaron cantidades ingentes de dinero, cantidades que probablemente muchos de nosotros no veremos en la vida. Y esas decisiones fueron en parte culpables de la burbuja que nos estalló en la cara. ¿Qué ocurre si ese dinero que pedí lo usé para montar un negocio en vez de comprar una casa? ¿También debería venir el Estado a socorrerme?
Tercera objeción: alguien tiene que pagar. Los bancos no tienen grandes misterios detrás: son todo números más o menos complejos pero que al final siempre cuadran en un beneficio. Si la ley hipotecaria se cambia y tienen menos garantías de cobrar, la reacción va a ser inmediata: encarecimiento y restricción al crédito. Los que no compraron, además de haber pagado las deducciones fiscales y las consecuencias de la burbuja, van a pagar también más intereses.
Cuarta objeción: ya hay gente en la calle. El derecho a la vivienda que recoge la Constitución es un brindis al sol. ¿Cómo se puede poner el foco en un colectivo ignorando al resto? El problema está en el acceso a la vivienda. ¿Por qué no se deja que se ajusten los precios? ¿Por qué no se gravan los pisos vacíos? ¿Por qué unos sí y otros no?
Resumiendo, que parece que las medidas que se van a tomar son razonables, pero por sí solas lo único que hacen es diferir un poco más el problema. Y lo siento, pero si se habilita la dación en pago por decreto como se propone las consecuencias simplemente cambiarán de bando y volverán a caer sobre aquellos que en su momento no entraron al juego inmobiliario y decidieron no comprar.
Y en medio de todo este desaguisado, entre recorte y recorte, sale a la palestra el tema de los desahucios. La verdad es que un vistazo a las estadísticas es descorazonador, sobre todo porque detrás de cada número suele haber un drama humano y económico. Y de repente los dos grandes partidos políticos, los grandes causantes del problema, los dos convidados de piedra al drama que no movieron un dedo cuando aún se podía remediar, ahora se quieren poner de acuerdo para poner coto a la sangría. Cuanta hipocresía.
¿Quién puede estar en contra de estas medidas después de ver un informativo? Ancianos, niños o enfermos expulsados de sus casas por los malvados bancos por no poder pagar las letras o por haber avalado a un hijo. De hecho, a primera vista, las medidas de las que se está hablando me parecen razonables porque entran dentro del principio de solidaridad.
Y entenderé que se me tache de insolidario por lo que voy a decir a continuación, pero la solidaridad no es gratuita. Cada desahucio que se pare va a suponer un coste. Un coste que alguien va a tener que pagar. Y estará bien si lo pagamos entre todos, pero algo me dice que no va a ser así.
Mi primera objeción: ¿por qué se pone a un hipotecado por delante de un inquilino? Que nadie se olvide que si dejas de pagar el alquiler, con las nuevas leyes te ponen de patitas en la calle en menos que canta un gallo. ¿No tenemos todos el mismo derecho a una vivienda digna? Si paramos unos desahucios, ¿no deberíamos parar otros? ¿Pensarías lo mismo si eres tú el arrendador?
Segunda objeción: no todos los casos son iguales. Hay diferencias abismales. Está claro que hay casos sangrantes de sobretasación, análisis nulo de riesgos y negligencias varias, pero también hay casos de gente que simplemente tomó una mala decisión financiera, o tuvo un capricho con un piso que no pudo pagar. Porque aquí no hay que olvidar que los bancos prestaron cantidades ingentes de dinero, cantidades que probablemente muchos de nosotros no veremos en la vida. Y esas decisiones fueron en parte culpables de la burbuja que nos estalló en la cara. ¿Qué ocurre si ese dinero que pedí lo usé para montar un negocio en vez de comprar una casa? ¿También debería venir el Estado a socorrerme?
Tercera objeción: alguien tiene que pagar. Los bancos no tienen grandes misterios detrás: son todo números más o menos complejos pero que al final siempre cuadran en un beneficio. Si la ley hipotecaria se cambia y tienen menos garantías de cobrar, la reacción va a ser inmediata: encarecimiento y restricción al crédito. Los que no compraron, además de haber pagado las deducciones fiscales y las consecuencias de la burbuja, van a pagar también más intereses.
Cuarta objeción: ya hay gente en la calle. El derecho a la vivienda que recoge la Constitución es un brindis al sol. ¿Cómo se puede poner el foco en un colectivo ignorando al resto? El problema está en el acceso a la vivienda. ¿Por qué no se deja que se ajusten los precios? ¿Por qué no se gravan los pisos vacíos? ¿Por qué unos sí y otros no?
Resumiendo, que parece que las medidas que se van a tomar son razonables, pero por sí solas lo único que hacen es diferir un poco más el problema. Y lo siento, pero si se habilita la dación en pago por decreto como se propone las consecuencias simplemente cambiarán de bando y volverán a caer sobre aquellos que en su momento no entraron al juego inmobiliario y decidieron no comprar.
martes, 13 de noviembre de 2012
¿Nos vamos de huelga?
14-N: huelga general. La verdad es que mi memoria histórica anda un poco depauperada, y ya no me acuerdo mucho de como iba esto antes de esta crisis. Por lo tanto, me cuesta juzgar en términos de comparación, pero esta huelga me parece lo menos parecido a una huelga que puede haber.
¿Por qué? Porque no noto ambiente huelguista, no veo que se hable del tema, no veo que los periódicos lo tengan en los titulares. Leñe, si es que aún ni sé por qué se ha convocado la huelga. Está claro que la pancarta de cabecera podría ir en blanco con un "escriba su motivo aquí"; que lo que sobran tal y como están las cosas son motivos. Pero no veo indignación, lo que veo es más bien resignación. En la anterior teníamos la reforma laboral en el punto de mira, el objetivo estaba claro, pero mañana no veo qué es lo que se quiere conseguir.
Es más, ¿sirven las huelgas para algo? Yo tengo grandes dudas. Cuando veo el caso de Grecia, que se pasan el día armando gresca para nada, pienso que no. Es cierto que nosotros tenemos algo más de control sobre nuestro destino, pero tampoco es que tengamos demasiado margen para actuar. ¿Realmente va a cambiar la forma de actuar del gobierno por una huelga? La anterior ya la tenían prevista. Como dicen los analistas financieros, el mercado ya la había "descontado"? ¿Habrán previsto esta también?
A partir de aquí todo son dudas: ¿cómo sabes si se ha seguido una huelga o no? Unos dicen que por el consumo de energía, otros por los escaparates cerrados, otros por las estadísticas. No lo sé, yo leo los periódicos y me da la impresión de que solo hay huelga por donde pasan los piquetes, y que una vez que pasan todo vuelve a abrir. Está claro que hay muchas fábricas y comercios que cierran por las amenazas de los piquetes. Pero también está muy claro que hay mucha gente que no va a la huelga por las amenzas de represalias, y más ahora con el paro que hay.
¿Cuáles son más? ¿Qué es más legítimo? No sé, me indigna tanto un encapuchado amenazando a un busero como un empresario amenazando a un obrero. Y lo que más me indigna es que al final con tanta amenaza cruzada parece que la huelga solo la pueden hacer los sindicatos, y que hay tanta gente temiendo el piquete como esperándolo para poder hacer huelga. Valiente estado de derecho.
No sé qué pasará mañana, pero teniendo en cuenta el paro que hay, entiendo que las manifestaciones tendrían que ser multitudinarias. Lo del seguimiento lo tengo menos claro, yo pronostico fracaso. Luego nos quejaremos.
¿Por qué? Porque no noto ambiente huelguista, no veo que se hable del tema, no veo que los periódicos lo tengan en los titulares. Leñe, si es que aún ni sé por qué se ha convocado la huelga. Está claro que la pancarta de cabecera podría ir en blanco con un "escriba su motivo aquí"; que lo que sobran tal y como están las cosas son motivos. Pero no veo indignación, lo que veo es más bien resignación. En la anterior teníamos la reforma laboral en el punto de mira, el objetivo estaba claro, pero mañana no veo qué es lo que se quiere conseguir.
Es más, ¿sirven las huelgas para algo? Yo tengo grandes dudas. Cuando veo el caso de Grecia, que se pasan el día armando gresca para nada, pienso que no. Es cierto que nosotros tenemos algo más de control sobre nuestro destino, pero tampoco es que tengamos demasiado margen para actuar. ¿Realmente va a cambiar la forma de actuar del gobierno por una huelga? La anterior ya la tenían prevista. Como dicen los analistas financieros, el mercado ya la había "descontado"? ¿Habrán previsto esta también?
A partir de aquí todo son dudas: ¿cómo sabes si se ha seguido una huelga o no? Unos dicen que por el consumo de energía, otros por los escaparates cerrados, otros por las estadísticas. No lo sé, yo leo los periódicos y me da la impresión de que solo hay huelga por donde pasan los piquetes, y que una vez que pasan todo vuelve a abrir. Está claro que hay muchas fábricas y comercios que cierran por las amenazas de los piquetes. Pero también está muy claro que hay mucha gente que no va a la huelga por las amenzas de represalias, y más ahora con el paro que hay.
¿Cuáles son más? ¿Qué es más legítimo? No sé, me indigna tanto un encapuchado amenazando a un busero como un empresario amenazando a un obrero. Y lo que más me indigna es que al final con tanta amenaza cruzada parece que la huelga solo la pueden hacer los sindicatos, y que hay tanta gente temiendo el piquete como esperándolo para poder hacer huelga. Valiente estado de derecho.
No sé qué pasará mañana, pero teniendo en cuenta el paro que hay, entiendo que las manifestaciones tendrían que ser multitudinarias. Lo del seguimiento lo tengo menos claro, yo pronostico fracaso. Luego nos quejaremos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

